28 ene. 2008

La mirada digital de Eugenio Robleda








por: Gloria Hernández∗












La condición existencial, para el ser hum
ano, es la constancia fundada en la repetición, que aunque variada, es irremediablemente finita. Es por eso que toda búsqueda y construcción del sentido de la vida, es una reiteración afirmativa frente a la existencia y sus limitaciones espacio-temporales, sobre todo si es creativa como la que aquí se presenta.

Eugenio Robleda practica la fotografía desde que tenía diez años, poco tiempo después, al entrar en contacto con el mundo del diseño, supo que tenía que dedicarse a alguna cuestión artística, su búsqueda ahora se concreta gracias a la conjunción de la fotografía, el diseño y la tecnología digital.

Robleda explora las posibilidades expresivas del arte desde las nuevas tecnologías digitales de creación y manipulación de la imagen, para seguir por el camino del crecimiento personal. Recupera el cuerpo humano como un motivo plástico de lo más flexible, resalta y repite alguna de sus partes, o utiliza la figura completa del cuerpo, dispuesta en alguna postura en particular, para conformar una estructura general armada de repetición y ensamble.

En su producción actual casi siempre construye teniendo como base el círculo, porque ha tomado como modelo los mandalas, que son de origen hindú y datan del siglo VIII a.e., la palabra significa: círculo, y se trata de diagramas geométricos rituales; su uso facilita la predisposición a ciertos estados mentales y fortalece al espíritu en su evolución, de lo natural a lo geométrico, del reino de las formas corpóreas a lo espiritual. Siguiendo este camino, Robleda recupera para sus diseños, la universalidad de las formas básicas: figuras geométricas contrapuestas y concéntricas. Aun cuando el mandala está constituido en torno a un punto central, no lo representa de manera visible, es un centro virtual, metafórico, pero está sugerido en la organización concéntrica de las figuras, por esta razón se deben leer tomando como principal lo más próximo al centro.

El mandala resulta una concepción formal del mundo, como una proyección para la mente. Aunque usualmente son pintados sobre ropa o papel, Robleda los trabaja en soporte digital; entonces se los apropia formal y discursivamente, para ello hecha mano de lo colorido de la cultura mexicana, pero recurre a la combinación y el contraste, usando también: blanco, negro y sepia. Con su trabajo de montaje fotográfico digital, consigue hallazgos como el de la transparencia del vitral.

Para su proceso de trabajo, primero toma las fotografías, a veces en formato analógico y otras directamente en digital, después viene la producción virtual, donde recorta la imagen y la reproduce ensayando sus posibles variaciones, para después ensamblar los recortes a partir de su diseño formal del mandala o su ruptura; se puede ver que esto lo consigue exitosa y bellamente, en obras como





La ruptura de la caracola, un políptico de ocho piezas en el que la composición espacial se amplia y diversifica, el artistas deja sospechar el proceso de creación revelando al espectador el elemento figurativo sobre el cual trabajó toda la obra, textura, ritmo y colores evocan desde una construcción espacial abierta y fracturada, la concepción de lo que es un caracol real, y al mismo tiempo provoca una metáfora erótica femenina que resulta más estética y espiritual que sexual.

Le gusta trabajar con cuerpos no perfectos, no usa modelos profesionales sino que invita a sus amigos a participar en el proceso de creación de su obra, y como su intención es darles confianza les pide que usen máscaras, o bien, cuando manipula la imagen digitalmente, la recorta y ensambla de tal manera que los rostros no se ven, quedan en situación de interdictos.

Al trabajar con el cuerpo humano en desnudo, como su motivo artístico primordial, la pretensión de Robleda es conseguir la reivindicación de la desnudez, primero desde su experiencia personal, para entonces a través de la creación visual experimentar y compartir la sensualidad de un cuerpo, desde una representación que no resalte de inmediato su carácter sexual y erótico. Quiere resolver el desconocimiento con que se educa en nuestra sociedad, respecto al cuerpo y la desnudez, salir de esas ignorancias discursivas que prohíben su conocimiento y disfrute.

Su motivo favorito en las composiciones que construye, parece ser la imagen del cuerpo femenino, de éste recupera las partes con líneas más ondulantes, piernas, espalda o las caderas; la repetición y el ensamble de los cuerpos o sus secciones recortadas proporcionan un efecto dinámico muy interesante; estos trabajos, como mandalas, son diagramas que funcionan a manera de puertas y aspiración a un elevado nivel de autoconciencia.




En obras como Campos de trigo, donde recurre a cuerpos masculinos enmascarados, consigue la sensación visual de que la obra está constituida de una textura en cera y otra en cristal. Su sentido del humor plástico lo encontramos en obras como Cesto sentido donde los cuerpos son el material con que se teje el cesto, que es el objeto que configura la imagen total.

Las obras de Robleda son objetos estéticos para la contemplación y cualquier tipo de ejercicios espirituales. En sus mandalas, crea una tensión formal entre la imagen figurativa y la abstracción, pues aunque la base sean cuerpos humanos desnudos, de estos aprovecha los elementos que le son convenientes para los ensambles formales de sus propios emblemas mandálicos, en que integra estructura tradicional e interpretación libre.

Enero 2006.


∗ Profesora e investigadora en Arte y Comunicación, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM, y miembro de la Asociación Internacional de Crítica de Arte UNESCO

1 comentario:

maredego dijo...

Sí, los mandalas inducen a un estado mental, reflexivo, pertinentemente parecen llevarnos por la espiral concéntica de la gnosis. Irremediable, tienden a llevarnos desde nuestra animalidad hasta la paz interior de nuestro ser elevado. ¡Qué mejor si es a través del deseo y su fragmentación unitaria!