27 feb. 2008

Viejas Historias, Nuevos Espacios -Capítulo VI


por: Heriberto Cruz
















“… dicen que el hombre termina buscando su tierra, y creeme, jamás he estado tan en casa como cuando perdido, después de hacer el amor, dormía entre tus brazos: ave herida reposando en tu hechizo.
Dicen que el hombre lleva la consigna de regresar a casa, y creeme jamás he estado tan en casa como cuando rompíamos el paisaje desierto y llenábamos de vida sus llanos. Cómo olvidar mi patria en tu cuerpo encarnada, y la heredad de mi Ьnica voluntad: terminar la jornada, sembrando entre tus muslos la batalla ganada al día y a la muerte vencida, a mi soledad, ya dejada y ya olvidada.
Siempre traigo a mi memoria, los ratos apacibles, de mi haz trillando tu verde campo, de lo hondo de los surcos, de lo grana de tu campo: sonrosada vagina de primavera, de túrgidos pezones, de blandas ideas, de tus pechos alimentando la esperanza de una vida, mi vida.
Sólo evoco aquello que me diste mujer y espada de dos filos, el del deseo y la verdad, no por mentira alguna, sí, por lo cierto de lo incierto de nuestro devenir sobre el pajar del tinglado de la vieja troje.
No he de mentirte, creo que no hay escapatoria, que no hay nuevos espacios, pero juro ante los cielos que si de verdad me amas estaré contigo, aunque los demonios me mantengan preso y hagan de mí una pira de huesos.
Dicen que el hombre espera el mana, y yo he encontrado el pan de los cielos ceñido de tu cuerpo.
He de estar contigo en casa, aunque caiga el Dios de los cielos”.


Eugenio Robleda ©2006

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